¿Qué es el mindfulness?
- Ana Sofia Bavoni

- 27 oct
- 17 Min. de lectura
El malentendido más popular del mindfulness

"Mantente en el presente". "Vive el aquí y ahora". "Sé consciente del momento"...
Frases como estas se repiten constantemente cuando se habla de mindfulness, pero rara vez se explica por qué esto debería importarte.
Y es comprensible que alguien piense: "¿De qué me sirve estar en el momento presente cuando tengo problemas reales, preocupaciones legítimas, y un futuro que planificar?". Parece un consejo superficial, casi banal. Como si la solución a la complejidad de la vida fuera simplemente "estar aquí".
El problema no es que el mindfulness no funcione. El problema es que la mayoría de las personas no sabe realmente qué es ni para qué sirve.
El malentendido más extendido es que el mindfulness se ha reducido a una técnica de relajación. Algo que haces cuando te sientes estresado o ansioso para "calmarte", para dejar de sentir lo que sientes, para escapar del malestar. Se usa, paradójicamente, como una estrategia de evitación: cierras los ojos, te centras en la respiración, intentas "estar presente" para que la ansiedad desaparezca. Y cuando no desaparece (porque no es ese su propósito) concluyes que el mindfulness no funciona.
Pero el mindfulness no es una pastilla para el malestar emocional, no es un refugio al que acudir cuando la vida se pone difícil, no es una técnica que aplicas durante 10 minutos y luego abandonas; es , más bien, una forma fundamental de relacionarte con tu experiencia mientras vives tu vida.
No se trata de "estar presente" por estar presente, como si fuera un fin en sí mismo, sino de desarrollar una habilidad que te permita actuar con propósito incluso cuando tu mente te bombardea con pensamientos difíciles o tu cuerpo se llena de sensaciones incómodas.
La confusión es profunda: se confunde mindfulness con meditación, se le atribuyen propiedades "mágicas" de bienestar instantáneo, se vende como producto de consumo rápido, y lo más importante: se pierde completamente de vista para qué sirve realmente estar en contacto con el momento presente.
Este artículo existe para aclarar qué es y qué no es el mindfulness, para mostrar que no es una técnica más en tu caja de herramientas terapéuticas, sino una habilidad psicológica que cambia tu relación con todo lo que experimentas, y para responder a esa pregunta legítima: ¿por qué debería importarme "estar presente" cuando tengo una vida compleja que vivir? Vamos a explorarlo...
¿Qué NO es el mindfulness? Desmontando mitos
Antes de definir qué es el mindfulness, es fundamental aclarar qué no es. Porque son precisamente estos malentendidos los que generan frustración, expectativas erróneas y, finalmente, el abandono de algo que podría ser verdaderamente útil.
No es vaciar la mente
Probablemente el mito más extendido. Muchas personas creen que practicar mindfulness significa conseguir que tu mente se quede en blanco, sin pensamientos, en un estado de vacío mental. Y cuando intentan hacerlo y descubren que los pensamientos siguen apareciendo (porque así funciona la mente humana) concluyen que "no saben hacerlo" o que "no tienen la mente adecuada para esto".
La realidad es que tu mente está diseñada para generar pensamientos. No puedes apagarla como si fuera un interruptor, ni deberías intentarlo. El mindfulness no consiste en eliminar pensamientos, sino en cambiar tu relación con ellos. No se trata de tener menos pensamientos, sino de no quedar atrapado en ellos.
No es una técnica de relajación
Este es quizás el malentendido más perjudicial. El mindfulness se comercializa constantemente como una herramienta para "reducir el estrés", "encontrar la calma" o "sentirte mejor". Y si bien es cierto que algunas personas pueden experimentar relajación al practicarlo, ese no es su objetivo.
Cuando usas el mindfulness para intentar sentirte menos ansioso, menos estresado o menos incómodo, lo estás utilizando como una estrategia de evitación experiencial. Estás intentando controlar o eliminar experiencias internas desagradables. Y aquí está la paradoja: cuanto más intentas controlar tu ansiedad, más poder le das. Cuanto más te esfuerzas por no sentir algo, más presente se vuelve.
El mindfulness no se trata de cambiar lo que sientes, se trata de estar presente con lo que sientes, sin necesidad de que cambie, mientras haces lo que es importante para ti.
No es sentirse bien o alcanzar un estado especial
No hay un "estado mindful" que debas alcanzar. No hay una sensación particular que indique que "lo estás haciendo bien". No vas a flotar, ni a sentir paz profunda, ni a experimentar algún tipo de iluminación. A veces estar presente es incómodo, a veces es aburrido, a veces es frustrante... Y eso está perfectamente bien.
El mindfulness no es un premio que obtienes por meditar correctamente, es simplemente estar en contacto con tu experiencia tal como es: agradable o desagradable, cómoda o incómoda, clara o confusa.
No es una práctica religiosa
Aunque el mindfulness tiene raíces en tradiciones contemplativas budistas, en el contexto de la psicología clínica (y específicamente en la Terapia de Aceptación y Compromiso ACT) es una habilidad psicológica secular y basada en evidencia. No necesitas incienso, ni cuencos tibetanos, ni hablar de chakras o energías. No tienes que adoptar ningún sistema de creencias particular.
Puedes ser escéptico, ateo, religioso de cualquier tradición, o completamente indiferente a lo espiritual, y aun así desarrollar y beneficiarte del mindfulness. Porque no se trata de creencias, sino de una forma funcional de relacionarte con tu experiencia.
No es evitar o eliminar pensamientos "negativos"
Muchas aproximaciones comerciales al mindfulness prometen ayudarte a "cultivar pensamientos positivos" o "liberarte de la negatividad". Esto no solo es imposible, sino contraproducente.
Tu mente evalúa, compara, predice peligros, recuerda dolores pasados y eso es exactamente lo que debe hacer para mantenerte a salvo. El problema no son los pensamientos difíciles en sí mismos, sino quedar fusionado con ellos, es decir creer que son verdades absolutas, dejar que dicten y dominen completamente tus acciones.
El mindfulness no se trata de tener "mejores" pensamientos, se trata de tener una relación más flexible con todos tus pensamientos, sean cuales sean.
Una vez que hemos despejado el terreno de lo que no es, podemos empezar a construir una comprensión real de qué es el mindfulness.
Entonces, ¿qué es el mindfulness?
Desde la perspectiva de ACT, el mindfulness es la habilidad para mantener un contacto flexible con el momento presente, guiado por lo que la situación requiere, en servicio de tus valores.
Vamos a desempacar esta definición parte por parte:
Contacto con el momento presente
Estar en contacto con el momento presente significa conectar con lo que está ocurriendo ahora: las sensaciones en tu cuerpo, los sonidos a tu alrededor, los pensamientos que cruzan tu mente, las emociones que emergen, las acciones que estás realizando. No como deberían ser, no como fueron en el pasado, no como podrían ser en el futuro. Como son.
Pero aquí viene lo crucial: no se trata de estar presente en lugar de pensar en el futuro o recordar el pasado. Tu mente va a hacer eso constantemente, y es útil que lo haga. Se trata de notar cuando estás atrapado en esos pensamientos de tal manera que pierdes contacto con lo que está pasando realmente, aquí, en tu vida.
Piénsalo así: puedes estar físicamente en una cena con personas que amas, pero mentalmente estar completamente absorto en una preocupación sobre el trabajo de mañana. Tu cuerpo está en la mesa, pero tú no estás realmente ahí. Mindfulness es darte cuenta de eso y poder elegir si quieres traer tu atención de vuelta a la cena, a las personas, a la conversación, a la experiencia directa de estar con ellos.
Atención flexible, no rígida
La palabra "flexible" es fundamental. No se trata de mantener tu atención clavada en un punto fijo como si fuera un láser inquebrantable. Se trata de poder dirigir tu atención intencionalmente a donde sea útil que esté, y de poder ampliar o estrechar tu foco según lo que necesites.
A veces necesitas atención amplia: cuando estás caminando por la ciudad, conversando con alguien, o disfrutando de un paisaje. A veces necesitas atención estrecha: cuando estás escribiendo, resolviendo un problema complejo, o escuchando a alguien que te cuenta algo importante.
Mindfulness es tener esa flexibilidad. Poder elegir. Y también poder notar cuando tu atención ha sido secuestrada (por una preocupación, por una rumiación, por una distracción) y poder traerla de vuelta, una y otra vez, sin juzgarte por haberte "ido".
No es solo observar: es estar en contacto con la experiencia directa sin juzgarla
Hay una diferencia importante entre pensar sobre tu experiencia y experimentarla directamente.
Puedes pensar: "Estoy ansioso, esto es horrible, no debería sentirme así, ¿cuándo se va a ir esto?". O puedes notar: presión en el pecho, respiración acelerada, pensamientos rápidos, impulso de escapar. Una es estar atrapado en la narrativa mental sobre la ansiedad. La otra es contacto directo con las sensaciones, pensamientos y emociones tal como aparecen.
El mindfulness te invita a bajar del nivel de la narración y juicio constante de tu mente y conectar con lo que realmente está pasando en tu experiencia momento a momento. No para analizarlo, no para arreglarlo, simplemente para estar con ello.
¿Y de qué me sirve eso? Te preguntarás, pues por eso viene la última parte de la definición:
En servicio de tus valores
Aquí está la pieza que muchas aproximaciones al mindfulness olvidan por completo: ¿para qué estar presente?
En ACT, el mindfulness no es un fin en sí mismo. No practicas estar presente para conseguir un diploma de "persona mindful". Lo practicas porque estar en contacto con el momento presente te permite actuar de manera más consciente, más intencional y más alineada con lo que realmente es importante para ti.
Si valoras ser un padre o madre presente, necesitas mindfulness para notar cuando estás físicamente con tus hijos pero mentalmente en el trabajo. Si valoras ser un profesional comprometido y resolutivo, necesitas mindfulness para mantenerte enfocado en tareas importantes incluso cuando tu mente te dice que abandones porque es difícil. Si valoras cuidar de tu salud, necesitas mindfulness para notar las señales de tu cuerpo en lugar de estar en piloto automático y comerte una bolsa entera de patatas sin darte cuenta.
El mindfulness te permite responder a la vida en lugar de reaccionar en automático. Te permite elegir tus acciones basándote en lo que importa, no solo en lo que tu mente te dice en ese momento o en cómo te sientes.
Así que, de forma práctica, el mindfulness te permite:
Actuar con intención en lugar de reaccionar en automático. Cuando estás en contacto con el momento presente, puedes ver el espacio entre estímulo y respuesta. Tu hijo dice algo que te molesta; notas el impulso de gritar; y en ese espacio de conciencia, puedes elegir responder de una manera que esté alineada con el tipo de padre o madre que quieres ser.
Continuar con acciones importantes incluso cuando son difíciles. Cuando estás escribiendo algo importante y tu mente te bombardea con "esto es terrible, nadie lo va a leer, mejor déjalo", el mindfulness te permite notar esos pensamientos como eventos mentales en lugar de como verdades absolutas, y seguir escribiendo de todos modos.
Responder a las necesidades de una situación en lugar de a tus narrativas sobre ella. En una conversación difícil, tu mente puede estar construyendo historias sobre lo que la otra persona "realmente" piensa o sobre cómo esto "siempre" ocurre. El mindfulness te permite soltarte de esas narrativas y estar realmente presente con lo que la persona está diciendo, con lo que la situación requiere.
Notar oportunidades para acciones valiosas que de otro modo perderías. Cuando estás funcionando en piloto automático, pierdes miles de momentos pequeños que podrían ser significativos: una sonrisa de tu pareja, una oportunidad de ayudar a alguien, la belleza de algo ordinario, la posibilidad de conectar genuinamente.
Mindfulness como proceso, no como estado
Finalmente, es crucial entender que el mindfulness no es algo que "tienes" o "no tienes". No es un estado que alcanzas y luego mantienes. Es un proceso dinámico, una habilidad que ejercitas momento a momento.
Te vas a "ir" de la presencia miles de veces. Tu mente te va a enganchar una y otra vez. Vas a quedar atrapado en pensamientos, fusionado con preocupaciones, perdido en ensoñaciones. Eso no significa que "fallaste" en el mindfulness. Eso es el mindfulness: notar que te fuiste, y elegir volver. Una y otra vez. Sin juicio, sin autocrítica. Simplemente volver (siempre que eso te ayude a ir en dirección de lo que realmente valoras en ese momento).
Con esta comprensión funcional del mindfulness, podemos ahora abordar otra confusión fundamental: su relación con la meditación.
Diferencia entre mindfulness y meditación
La meditación como práctica formal
Uno de los errores más comunes (y más limitantes) es usar las palabras "mindfulness" y "meditación" como si fueran sinónimos. No lo son.
La meditación es una práctica formal en el que te sientas (o te tumbas, o caminas de forma deliberada) con la intención específica de entrenar tu atención. Es como ir al gimnasio: dedicas un tiempo concreto, en un espacio definido, para trabajar una capacidad específica.
Y sí, la meditación es útil. Es probablemente la forma más eficiente de desarrollar la habilidad del mindfulness, de la misma manera que hacer pesas es una forma eficiente de desarrollar fuerza muscular. (Si quieres saber más sobre cómo meditar te recomiendo este artículo). Cuando meditas, creas condiciones controladas para practicar: te sientas, diriges tu atención a algo (la respiración, las sensaciones corporales, los sonidos, etc.), inevitablemente te distraes, y luego traes tu atención de vuelta. Una y otra vez. Es un entrenamiento deliberado.
Pero aquí está el problema: muchas personas creen que practicar mindfulness significa necesariamente sentarse a meditar una cierta cantidad de minutos cada día. Y cuando no tienen esos minutos, o cuando intentan meditar y les resulta frustrante o aburrido, concluyen que el mindfulness no es para ellos. Se pierden completamente lo esencial.
El mindfulness como habilidad aplicable a cualquier momento
El mindfulness no es lo que haces cuando te sientas a meditar, es lo que practicas en la meditación para luego aplicarlo en tu día a día.
Piensa en ello de esta manera: si aprendes a tocar escalas en el piano, no lo haces porque el objetivo final sea sentarte a tocar escalas. Lo haces para desarrollar la destreza, la coordinación y la familiaridad con el instrumento que luego te permitirán tocar música real. La música no está en las escalas. Las escalas son el entrenamiento.
De la misma forma, el mindfulness no es la meditación. La meditación es el entrenamiento. El mindfulness es lo que ocurre cuando estás teniendo una conversación difícil con tu pareja y notas el impulso de defender tu posición antes de escuchar realmente. Es lo que ocurre cuando estás a punto de rendirte en un proyecto importante y te das cuenta de que es tu mente diciendo "esto es demasiado difícil", no la realidad. Es lo que ocurre cuando estás comiendo y realmente saboreas la comida en lugar de estar mentalmente en otro sitio.
Para practicar el mindfulness, no necesitas un cojín de meditación, no necesitas silencio, no necesitas condiciones especiales, necesitas la intención de traer tu atención al momento presente y puedes ejercitarla en cualquier actividad de tu vida cotidiana.
Por qué confundirlos limita su utilidad
Cuando equiparas mindfulness con meditación, creas varios problemas:
Primero, lo conviertes en algo separado de tu vida real. Si crees que solo estás siendo mindful cuando te sientas a meditar, entonces el resto del día, las 15 horas y 40 minutos (considerando que estamos despiertos 16 horas al día) que no estás meditando, quedan fuera. Pierdes todas las oportunidades de aplicar esta habilidad donde realmente importa: en tus relaciones, en tu trabajo, en tus decisiones cotidianas, en los momentos difíciles y en los momentos de disfrute.
Segundo, creas una barrera de entrada innecesaria. Muchas personas no meditan porque no tienen tiempo, porque les resulta incómodo físicamente, porque tienen una mente muy activa y encuentran la práctica formal frustrante, o simplemente porque no les apetece. Y está bien. Pero si creen que mindfulness es igual a meditación, nunca desarrollarán la habilidad.
Tercero, te pierdes el punto esencial. El objetivo nunca fue meditar. El objetivo es vivir tu vida con mayor conciencia, mayor intencionalidad, mayor conexión con lo que realmente importa. La meditación es solo un medio para ese fin, no el fin en sí mismo.
Imagina que alguien te dice: "Quiero ponerme en forma, pero odio el gimnasio". Sería absurdo responder: "Entonces nunca podrás estar en forma". Hay mil formas de desarrollar condición física sin pisar un gimnasio: caminar, bailar, jugar con tus hijos, hacer jardinería, subir escaleras. El gimnasio es útil, pero no es la única vía.
Lo mismo ocurre con el mindfulness y la meditación. La meditación formal es increíblemente útil (es la forma más eficiente de entrenar tu atención), pero no es la única forma de ser mindful.
Mindfulness como habilidad, no como técnica
La diferencia crucial: Las técnicas se aplican, pero las habilidades se desarrollan
Esta distinción es fundamental, y a menudo se pasa por alto. Una técnica es algo que aprendes y luego aplicas en situaciones específicas. Es como una herramienta en una caja: la sacas cuando la necesitas, la usas para un propósito concreto y luego la guardas. Las técnicas tienen un inicio y un final claros. Tienen pasos definidos. Funcionan o no funcionan para resolver un problema particular.
Por ejemplo, una técnica sería: "Cuando te sientas ansioso, respira profundamente cinco veces contando hasta cuatro en la inspiración y hasta seis en la expiración". Es específica, aplicable a una situación concreta y tiene unos pasos claros a seguir.
Una habilidad, en cambio, es una capacidad que desarrollas gradualmente y que se integra en la forma en que funcionas. No la "aplicas" en momentos puntuales, la ejercitas continuamente. Se desarrolla con la práctica, mejora con el tiempo y se vuelve cada vez más natural. Montar en bicicleta es una habilidad. Tocar un instrumento es una habilidad. Comunicarte efectivamente es una habilidad. Y el mindfulness es una habilidad.
No es algo que haces durante 10 minutos cuando te sientes mal. Es una capacidad que cultivas: la capacidad de estar en contacto con tu experiencia presente sin juzgarla, de dirigir tu atención intencionalmente, de notar cuando te has quedado atrapado en tus pensamientos, de desengancharte de narrativas mentales rígidas, de elegir tus acciones basándote en tus valores en lugar de en tus impulsos momentáneos.
Y como cualquier habilidad, al principio requiere esfuerzo consciente. Es torpe, incómodo, fácil de olvidar. Pero con la práctica se vuelve más fluida, más accesible, más integrada en tu forma de vivir.
Cuando tratas el mindfulness como una técnica, lo usas para intentar "arreglar" estados emocionales. Cuando lo entiendes como una habilidad, lo desarrollas para vivir de forma más consciente y coherente con tus valores más profundos.
¿Cómo se desarrolla esta habilidad?
Prácticas formales e informales
Desarrollar la habilidad del mindfulness requiere práctica. Pero no un solo tipo de práctica, sino una combinación de entrenamiento formal e integración informal.
Como vimos anteriormente, las prácticas formales son momentos dedicados específicamente a entrenar tu atención. Son el equivalente a ir al gimnasio: tiempo estructurado, intencional, enfocado. No son la vida real, pero te preparan para ella.
Ejemplos de prácticas formales:
Meditación de atención a la respiración: Sentarte y dirigir tu atención repetidamente hacia la sensación de respirar, notando cuando te distraes y volviendo sin juicio.
Escaneo corporal: Recorrer sistemáticamente tu cuerpo con tu atención, notando sensaciones presentes en cada parte.
Observación de pensamientos: Sentarte y observar tus pensamientos como eventos mentales que van y vienen, sin engancharte a su contenido.
Mindfulness de sonidos: Escuchar los sonidos que surgen y desaparecen a tu alrededor, sin etiquetarlos o juzgarlos.
Si quieres aprender a meditar te recomiendo mi “Reto para aprender a meditar en 21 días”.
Las prácticas informales son la integración del mindfulness en tu vida cotidiana. Aquí es donde dejas de "practicar mindfulness" como actividad separada y empiezas a vivir de forma más mindful.
Ejemplos concretos cotidianos
El mindfulness informal no requiere tiempo extra ni condiciones especiales. Requiere intención. Aquí hay ejemplos concretos de cómo se ve en la vida real:
Mindfulness al comer: En lugar de comer mientras miras la televisión, revisas el teléfono o trabajas, dedica al menos una comida al día a comer con atención. Nota los colores, las texturas, los olores. Siente el primer bocado en tu boca. Mastica despacio, percibiendo los sabores. Observa cuándo tu mente se va hacia el pasado o el futuro y tráela de vuelta a la experiencia de comer.
No se trata de "comer correctamente" o de convertir cada comida en un ritual solemne. Se trata de ejercitar tu capacidad de estar presente con una experiencia ordinaria.
Mindfulness al caminar: Cuando camines (hacia el trabajo, al salir de casa, entre reuniones, etc.), hazlo a veces con atención deliberada. Siente tus pies tocando el suelo, el peso de tu cuerpo, el movimiento de tus piernas. Nota el aire en tu piel, los sonidos a tu alrededor, lo que ves, etc.
Tu mente divagará. Está bien. Cuando notes que estás completamente absorto en pensamientos, reconócelo y trae tu atención de vuelta a la experiencia física de caminar.
Mindfulness en conversaciones: La próxima vez que alguien te hable, practica estar completamente presente. No preparando tu respuesta mientras hablan, no pensando en otra cosa, no mirando tu teléfono… simplemente escuchando.
Nota cuando tu atención se va (cuando empiezas a juzgar lo que dicen, o a planear tu respuesta, o a recordar algo relacionado), y vuelve a escuchar. Una y otra vez.
Mindfulness con emociones difíciles: Cuando sientas ansiedad, tristeza, frustración o enfado, en lugar de intentar inmediatamente distraerte o "arreglarlo", prueba esto:
Detente un momento.
Localiza dónde sientes esa emoción en tu cuerpo. ¿Presión en el pecho? ¿Tensión en los hombros? ¿Nudo en el estómago?
Dirige tu atención hacia esas sensaciones. No para analizarlas, no para hacerlas desaparecer, simplemente para estar con ellas.
Respira y observa cómo cambian, cómo se mueven, y nota los pensamientos que las acompañan.
Y luego pregúntate: ¿Qué acción sería importante tomar ahora, incluso con esta emoción presente? No cuando desaparezca. Ahora.
Mindfulness en tareas rutinarias: Lavar los platos, ducharte, conducir, hacer la cama, cualquier tarea que haces en piloto automático puede convertirse en una oportunidad para practicar estar presente.
Así que te invito a elegir una tarea rutinaria al día y hacerla con atención plena. Siente el agua, el peso de los objetos, los movimientos de tu cuerpo. Cuando tu mente se vaya (y se irá), simplemente vuelve.
No lo haces para que lavar los platos se vuelva una experiencia mística, lo haces para fortalecer tu músculo de atención, para entrenar tu capacidad de estar donde estás.
Mindfulness en momentos de decisión: Antes de tomar decisiones importantes (responder a un email difícil, tener una conversación complicada, elegir cómo pasar tu tarde libre), pausa. Aunque sea solo 30 segundos: Conecta con tu respiración, nota tu estado emocional, observa qué pensamientos están presentes, y luego pregúntate: ¿Qué es lo que realmente importa aquí? ¿Qué acción estaría alineada con mis valores?
No siempre tendrás una respuesta clara. Pero ese momento de pausa, ese espacio de conciencia antes de actuar es mindfulness en acción.
El papel de la práctica continua
La habilidad del mindfulness no se desarrolla de la noche a la mañana, no es algo que aprendes una vez y luego tienes para siempre. Es más parecido a la condición física: requiere práctica continua para mantenerla y desarrollarla.
Y aquí está lo que debes saber:
Al principio será difícil y eso está bien. Tu mente se irá constantemente, te frustrarás, te olvidarás de practicar, te preguntarás si estás "haciéndolo bien". Todo esto es normal. No significa que no sirvas para esto, significa que estás empezando a entrenar una habilidad nueva.
La práctica no se trata de hacerlo perfectamente: Cada vez que notas que tu mente se fue y traes tu atención de vuelta, estás practicando con éxito. El acto de volver es la práctica, no el acto de nunca irte.
La consistencia importa más que la intensidad: Es mejor practicar mindfulness de forma breve pero regular (5 minutos al día, una comida consciente, una caminata atenta) que intentar sesiones largas e intensas que no sostienes.
La integración informal es tan importante como la práctica formal: No necesitas meditar horas al día, pero sí necesitas buscar oportunidades frecuentes de traer conciencia a tu vida cotidiana.
Habrá retrocesos: Pasarás semanas funcionando en piloto automático completo, completamente desconectado del momento presente. Eso no significa que perdiste la habilidad, significa que eres humano… simplemente vuelve a practicar.
Conclusión: Mindfulness con propósito
Hemos recorrido un camino largo desde esas frases con las que empezamos: "vive el aquí y ahora", "mantente presente", "sé consciente del momento". Frases que suenan bonitas pero que no te dicen nada realmente útil sobre por qué deberías hacerlo o cómo podría cambiar tu vida.
El problema nunca fue el mindfulness en sí, el problema fue cómo se comercializó, se simplificó, se vació de significado hasta convertirse en un eslogan más de la industria del bienestar.
Pero el mindfulness real, el mindfulness como habilidad psicológica integrada en tu vida, es algo completamente distinto.
No se trata de vaciar tu mente, ni de sentirte tranquilo, ni de alcanzar un estado especial de paz. No se trata de eliminar pensamientos negativos, ni de meditar durante horas... Se trata de desarrollar la capacidad de estar en contacto con tu experiencia tal como es (agradable o dolorosa, cómoda o incómoda, clara o confusa) mientras vives tu vida de acuerdo con lo que realmente te importa.
Se trata de crear espacio entre lo que sientes y lo que haces, para que tus acciones puedan estar guiadas por tus valores en lugar de por tus impulsos momentáneos.
Se trata de poder elegir. Y la elección solo existe cuando hay consciencia.
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